¿de qué sirve el conocimiento si no puede ser compartido?

En el ámbito de los servicios urbanos, el control de calidad suele generar una reacción casi instintiva: desconfianza. Especialmente por parte de las empresas concesionarias, que a menudo lo perciben como un mecanismo orientado exclusivamente a detectar fallos y justificar penalizaciones.

Sin embargo, cuando el control se plantea con criterios técnicos claros el efecto puede ser exactamente el contrario.

Este artículo parte de un caso real: la implantación de un sistema de control de calidad en los servicios de limpieza viaria, recogida de residuos y punto limpio de un municipio, y los resultados obtenidos durante uno de los primeros meses completos de funcionamiento.

No para hablar de tecnología, sino para reflexionar sobre qué tipo de información necesitamos para entender de verdad cómo funciona un servicio urbano.

 

Un marco contractual que ya exigía control

El punto de partida es importante.
En este caso, el control de calidad no surge como una iniciativa aislada ni como una “ocurrencia” posterior, sino que estaba recogido explícitamente en los Pliegos Técnicos que rigieron el concurso público.

Los pliegos incluían:

  • Un capítulo específico de Control de Calidad de los Servicios.
  • Indicadores definidos para cada servicio con sus correspondientes límites de “tolerancia”.
  • Un índice de calidad considerado “óptimo”.
  • Penalizaciones asociadas a desviaciones respecto a ese índice.
  • Un lote específico para la provisión de un software especializado en el control de calidad de los servicios urbanos.

Además, el propio control de calidad lo realiza una empresa externa, adjudicataria también mediante concurso público independiente del de la contrata de servicios.

Es decir, no hablamos de autoevaluación, ni de control interno, ni de inspecciones puntuales, sino de un sistema formal, continuo e independiente, con consecuencias contractuales reales.

 

Qué se ha medido (y cuánto)

Tras la puesta en marcha del servicio de inspección y la parametrización de nuestro software MIRA QA|Servicios Urbanos, en un mes completo se realizaron controles durante 24 días, recogiendo información a nivel de sectores y/o barrios, bloques de trabajo, servicios y rutas.

En total, se llevaron a cabo 1.846 controles, una cifra suficientemente amplia como para evitar lecturas anecdóticas o sesgadas (entendiendo como “control” la observación para un indicador en una fecha /servicio /ruta concretos. Ese mismo indicador se analizará también en otras fechas, para el mismo o para distintos servicios/rutas y de cada uno de ellos resultará su propia calificación).

El resultado agregado fue claro:

  • El 97,6 % de los controles fueron calificados como “Correctos”.

En muchos contextos estamos acostumbrados a que el control solo “aparezca” cuando algo va mal, pero lo que reflejan estos datos no es ausencia de exigencia, sino algo mucho más sencillo: que una parte muy significativa del trabajo diario se hace bien, de forma sistemática y sin generar ruido.

 

El punto ciego de las incidencias y las denuncias

Para entenderlo, basta con comparar este enfoque con el de las aplicaciones de incidencias o denuncias ciudadanas, hoy muy extendidas.

Estas herramientas son útiles. Permiten detectar problemas, canalizar quejas y dar respuesta a situaciones concretas.

Pero tienen una limitación estructural: solo recogen lo que falla.

No registran las tareas realizadas correctamente, los servicios prestados sin incidencias, la normalidad operativa cotidiana.

El resultado es una visión necesariamente parcial del servicio. Si solo miramos incidencias, el servicio siempre parece estar recordándonos sus fallos, aunque estos sean estadísticamente minoritarios respecto al volumen total de trabajo realizado.

Un sistema de control de calidad continuo hace justo lo contrario: refleja todo, no solo la excepción.

Y eso cambia radicalmente el relato.

 

Qué significa esto para la contrata

Desde el punto de vista de la empresa concesionaria, el impacto es profundo.

Una contrata puede asumir que habrá controles y que aparecerán deficiencias puntuales. Eso forma parte del servicio.

Lo que rara vez ocurre es que exista un sistema capaz de demostrar con datos que, en su conjunto, el trabajo diario se está realizando correctamente.

En este caso, más allá de las desviaciones que deberán analizarse en otro contexto, los informes mensuales permiten afirmar algo que normalmente queda fuera de cualquier documento oficial: que el servicio, en términos globales, ha sido técnicamente impecable durante ese periodo.

Ese reconocimiento no es emocional ni subjetivo. Es el resultado de medir, comparar y consolidar datos.

Y eso cambia la relación con el control: deja de ser percibido como una amenaza y empieza a entenderse como una herramienta de protección y de contexto.

 

Por qué no hablar aquí de las deficiencias

En este artículo no se entra a analizar los controles con deficiencias detectadas. No porque no existan, ni porque no sean importantes, sino porque su análisis requiere otro enfoque.

Mezclar ese análisis con la idea central de este artículo diluiría el mensaje principal, que es otro: el control de calidad también sirve para confirmar el trabajo bien hecho.

 

Controlar no es desconfiar

Uno de los grandes malentendidos en los servicios urbanos es asociar control con desconfianza.

Un control mal planteado, opaco o discontinuo, efectivamente genera tensión. Pero un control técnico, independiente y basado en datos continuos genera algo muy distinto: confianza informada.

Y, a largo plazo, permite algo todavía más valioso: mejorar con criterio.

El control de calidad no debería ser un instrumento para buscar culpables, sino una herramienta para entender la realidad del servicio en toda su complejidad.

Cuando solo miramos incidencias, vemos un municipio que falla.
Cuando medimos todo lo que ocurre cada día, vemos un municipio que, en gran medida, funciona.

Y solo desde esa visión completa es posible gestionar mejor, decidir mejor y, cuando toca, corregir mejor.

Porque controlar la calidad no va de señalar errores.
Va de saber realmente qué está pasando.

Y en ese camino, todos (administración, contratas y ciudadanía) salimos ganando. De hecho, algunas empresas de servicios están yendo un paso más allá: ofrecen proactivamente MIRA QA|Servicios Urbanos a sus clientes, no porque se les exija, sino porque confían en la calidad de su trabajo. En lugar de temer el control, lo convierten en un elemento de diferenciación y transparencia.

Porque cuando la calidad se puede demostrar con datos, el control deja de ser una amenaza… y se convierte en el mejor argumento comercial.

"del contrato a la calle"

Guía práctica para controlar la calidad 

de los Servicios Urbanos

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